Published On: Tue, Sep 26th, 2017

Qué hacer si tu vecino destruye tu jardín… al estilo antiguo chino

Song Jiu fue un gobernador de la provincia de Liang durante el período de los Reinos Guerreros (722 a 481 a.C.) en la antigua China. Adyacente a Liang estuvo la provincia de Chu y la frontera entre las dos provincias estuvo marcada por una columna. Los productores del melón trabajaban la tierra en cada provincia dentro de su propio lado de la columna.

La gente de Liang era laboriosa y frecuentemente irrigaba su tierra, así que sus melones crecían grandes y florecientes. Pero la gente de Chu era perezosa. Casi nunca regaban su tierra, así que sus melones eran pequeños y arrugados.

Por celos, una noche, la gente de Chu cruzó al otro lado y pisoteó el sembradío de melones de la gente de Liang, provocando muchos destrozos. Al día siguiente, cuando la gente de Liang descubrió el daño, enfurecidos lo reportaron al gobernador Song, en busca de venganza.

Song sacudió su cabeza y dijo: “No deberíamos hacer eso. Hacer un enemigo es un camino hacia la calamidad. Es estrecho de mente dar ojo por ojo”.

En cambio, Song ideó un plan: un equipo de Liang sería enviado secretamente a irrigar cada noche el cobertizo de melones de Chu. Pero tenía que ser hecho en secreto, insistió él; nadie debe decir nada a la gente de Chu.

A la mañana siguiente, cuando la gente de Chu salió a revisar su cosecha, vieron que ya había sido humedecida. Con la ayuda encubierta de la gente de Liang, el sembradío de melones de Chu prosperó cada día más y más.

A la gente de Chu le pareció muy extraño y comenzó a investigar. Cuando descubrieron que la gente de Liang los había estado ayudando, quedaron muy conmovidos y lo reportaron a su gobierno.

El rey de Chu posteriormente pidió disculpas a la gente de Liang con generosos regalos, jurando amistad entre las dos provincias. Liang y Chu entonces desarrollaron una alianza grande y duradera.

 Durante siglos, la sabiduría de Song Jiu y su amplia mentalidad, han sido recordadas y valoradas, y la enseñanza de pagar un acto dañino con uno de bondad, ha sido transmitida de generación en generación.