Published On: Wed, Jan 10th, 2018

Los 3 alimentos que peor le sientan a su segundo cerebro

Te estarás preguntando qué es el segundo cerebro.  Antes se le conocía como “flora bacteriana”. Ahora se le llama microbiota y hacen algo más que vivir en nuestros intestinos, pueden controlar los estados de animo, por eso se le llama “segundo cerebro”.  Aquí los vamos a bautizar como “bichos buenos”.

Las preferencias gastronómicas de nuestra microbiota (estos cien billones de bacterias que pueblan el intestino humano, y que pesan algo más de dos kilos según el catedrático de Microbiología Ignacio López Goñi) ha cautivado el interés de los científicos, y durante los últimos años se han multiplicado las publicaciones al respecto.

La alimentación que damos a esa comunidad bacteriana (buenos bichos) afecta de forma directa a nuestra salud. Las grasas saturadas, por ejemplo, favorecen el aumento de poblaciones microbianas (malos bichos) asociadas a la obesidad. En cambio, los alimentos ricos en fibra insoluble (como las verduras, el pan integral y las semillas) facilitan el crecimiento de bacterias beneficiosas (bacteroidetes,  buenos bichos) que reducen el sobrepeso, según una investigación publicada en Gut and Liver.

Y no solo la silueta está influenciada por estos bichos buenos de nuestras tripas. La diabetes tipo 2, las enfermedades inflamatorias intestinales y algunos tipos de cáncer y trastornos inmunológicos también mantienen una estrecha relación con la microbiota. Últimamente han aumentado las evidencias sobre su relación con el eccema y la dermatitis atópica, e incluso se ha vinculado con la longevidad.

Por qué es importante cuidar la microbiota (los buenos bichos)

Otro factor muy relevante es la conexión intestino (buenos bichos) -cerebro.

Estos microorganismos modulan los niveles de serotonina, un neurotransmisor relacionado con los estados de ánimo. Por eso se habla de la microbiota como el segundo cerebro. Todo este cúmulo de información lleva al nutricionista Miguel Aganzo Yeves, de los hospitales madrileños Fundación Jiménez Díaz y Rey Juan Carlos, a afirmar que “la flora intestinal es un componente más a tener en cuenta en el tratamiento de las enfermedades”.

¿Podemos modificarla? “Es posible que se pueda modular a través de la comida, y que contribuya en los tratamientos, pero lo más relevante es tener la capacidad para crear un entorno favorable, que promueva la colonización de una microbiota saludable”, añade el nutricionista, y recomienda “seguir unas pautas dietéticas sanas”.

Por todo ello, si quiere mejorar la composición de su flora, o dicho de otra forma “cuidar a sus bichos buenos” debería evitar (o limitar) estos alimentos:

1. Bollería industrial

Hay que huir de las dietas ricas en grasas saturadas. “Las comidas precocinadas y la mayoría de alimentos envasados suelen llevarlas. Y los aceites de palma y coco, si se consumen en exceso, también pueden alterar la microbiota”, apunta el nutricionista. Aganzo insiste en que el problema “son los estilos de vida basados en comidas con exceso de grasa. Por comer ocasionalmente algo que no sea muy saludable no se va a alterar nada”. Y viceversa: “Consumir yogures mejora la diversidad de la flora intestinal, pero hay que tomarlos regularmente. Por hacerlo un día no se consigue nada”, recalca.

2. Helados

Que no cunda el pánico: esta recomendación hace referencia a los helados industriales. Y se extiende también a las mayonesas. Concretamente, a los emulsionantes que contienen estos productos, que “son los aditivos que se emplean en la fabricación industrial, para dar una textura cremosa a un alimento que contiene grasa”, explica el especialista. Y añade: “Se desconocía si podían afectar negativamente a la salud humana, hasta que se ha descubierto cómo alteran la microbiota”. En este sentido, una investigación liderada por la Universidad Estatal de Georgia (EE UU) señala estos emulsionantes como responsables de cambios en la flora, que pueden favorecen la aparición de cáncer colorrectal.

3. Edulcorantes artificiales

Tomar dosis continuas de aspartamo (el edulcorante que más se utiliza en la industria alimentaria), aunque sea en poca cantidad, modifica la composición de la flora y podría alterar la resistencia a la insulina (favoreciendo la aparición de diabetes), apunta una investigación coordinada por la Universidad de Calgary (Canadá). La sucralosa, por su parte, reduce esa microflora (el descenso se mantiene durante semanas) y aumenta el pH fecal, lo que dificulta la absorción de algunos medicamentos tomados por vía oral.

Además de estos tres alimentos, las carnes de animales que han recibido antibióticos también pueden disminuir la variedad de especies que contiene la flora y, en definitiva, aumentar el riesgo de desarrollar enfermedades relacionadas con el intestino.

Así que ya sabe que a esos buenos bichos cuidan de nuestra salud por lo que sería una buena idea cuidarlos y mimarlos. Si quiere saber más de estos buenos bichos haz clic aquí, y si te ha gustado compártelo con los amigos, ellos también deben cuidar de sus buenos bichos.