Published On: Sat, Jul 22nd, 2017

Cincuenta ridiculeces de escritores

El escritor cubano JOSÉ PRATS SARIOL define cincuenta ridiculeces de los escritores.

Primera: Fotografiarse con un librero detrás.

Segunda: Mencionar el reto de la hoja en blanco.

Tercera: Doblar por la otra esquina de las influencias recibidas.

Cuarta: Citar el elogio oral regalado por un autor muerto.

Quinta: Exaltar las infinitas revisiones de un texto.

Sexta: Hacerse el atormentado por editores y traductores.

Séptima: Contar cómo rompió o echó al mar un manuscrito.

Octava: Mirar para el cielo cuando se habla de posteridad.

Novena: Lisonjear los talleres literarios y clases de escritura.

Décima: Echarle la culpa al intelectual orgánico, el contexto y la semiótica.

Undécima: Sonreír ante cualquier parecido con otra obra.

Duodécima: Cambiar la conversación sobre derechos de autor.

Decimotercera: Minimizar el canon como asunto para académicos.

Decimocuarta: Hablar de la genial obra en proyecto.

Decimoquinta: Afirmar con mirada de querubín que el gusto es inefable.

Decimosexta: Elogiar la modestia como signo de talento multicultural.

Decimoséptima: Hacerse el que carece de prejuicios.

Decimoctava: Piropear con un “muy inteligente pregunta”.

Decimonovena: Usar más de dos veces “yo”.

Vigésima: Citar huraño que la meta es el olvido.

Vigesimoprimera: Poner la experiencia como argumento valorativo.

Vigesimosegunda: Negar que se leen los comentarios recibidos.

Vigesimotercera: Aplaudir al público cuando lo estén aplaudiendo.

Vigesimocuarta: Contar que desde chiquitico leía y escribía.

Vigesimoquinta: No brindar un suculento brindis en la presentación de su libro.

Vigesimosexta: Usar “nosotros” para involucrar al prójimo en alguna opinión.

Vigesimoséptima: Exigirle a los críticos adjetivos trascendentales.

Vigesimoctava: Negar el gusto por los más secretos chismes literarios.

Vigesimonovena: Ensalzar el talento de los escritores emergentes.

Trigésima: No burlarse de las erritas agridulces y los gazapos verdes.

Trigesimoprimera: Quejarse de que la crítica literaria está corrupta o muerta.

Trigesimosegunda: Compadecerse de sí mismo por carecer de tiempo.

Trigesimotercera: Declarar que es apolítico.

Trigesimocuarta: Recitar un poema que todo el mundo conoce.

Trigesimoquinta: Presumir de baños de masa.

Trigesimosexta: Complacer al público con otra lectura.

Trigesimoséptima: Dolerse de la ingratitud de los libreros.

Trigesimoctava: Achacar a la ignorancia que lo ignoren.

Trigesimonovena: Jurar que se basa en hechos reales.

Cuadragésima: Presumir de sinónimos.

Cuadragesimoprimera: Alabar neofilias, gerontofilias y diversidades.

Cuadragesimosegunda: Extrañarse de que lo tilden de altanero.

Cuadragesimotercera: Aceptar elogios e invitaciones de los políticos.

Cuadragesimocuarta: Expresar que no tiene palabras con qué agradecer.

Cuadragesimoquinta: Preguntar para qué sirve Google.

Cuadragesimosexta: Tramitar premios, honoris causa e hijo ilustre.

Cuadragesimoséptima: Colocarse lejos de machismos y feminismos.

Cuadragesimoctava: Creerse digno de publicar sus obras completas.

Cuadragesimonovena: Declarar que escribe para el pueblo.

Quincuagésima: Escribir cincuenta ridiculeces como si fueran de los demás.

Tomado de Diario de Cuba